Tayichi’s Blog


Espejos
Septiembre 26, 2007, 12:00 am
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Llevas toda la vida diciendo que eres quien tu quieres ser. Que la opinión de los otros no importa. Te miras al espejo cada mañana y repites durante cinco largos minutos. Soy quien quiero ser, soy quien quiero ser. En alguna de ellas te lo llegas a creer, pero nunca has sido demasiado bueno mintiendote a ti mismo. No eres quien quieres ser, de hecho, ni te acercas. En verdad eres un puñado de espejos que reflejan una parte de tu imagen. Infinitos reflejos de un original que se ha ido perdiendo con el tiempo. Has conseguido algo que parecía imposible: caer en gracia a todo el mundo. Pero a que costa? Ya ni te reconoces a ti mismo. Cada espejo refleja lo que la gente quiere ver. Si a alguien no le gusta lo que ve lo cambias al momento. Es un triste selfservice de personalidades a gusto del consumidor. No tenemos lo que quiere? No se preocupe que lo buscamos y se lo ofrecemos. Triste fin el del necio que intenta ser lo que no es.

Eres tu ese necio? Ahora entiendes porque te cuesta cada vez mas decir hola. Estás cansado de tantos holas diferentes. Uno por cada persona del mundo. Es imposible saber con que hola tienes que empezar una conversación. Te pasas medio minuto mirando al mundo a la cara intentando recordar como te mostraste con esa persona la última vez que la viste. Tu mente es como una gran enciclopedia de respuestas a acciones, de formas de comportamiento y, sobretodo, de cual es la forma mas adecuada de mentir al mundo.

Estás cansado, demasiado cansado para hacer nada. Te has dado por vencido y dejas que la gente te vea como mejor le plazca. Sí, definitivamente estás acabado. Has tocado fondo. Necesitas un cambio en tu vida.

(hoy no hay final esperanzador :p)



Un post de medianoche
Septiembre 22, 2007, 1:29 am
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Que te pasa? Cada vez duermes menos. Dormir significa soñar. Soñar es ver aquello que nunca podrás ser o hacer. Cada vez duermes menos. No sabes que es lo que no te deja dormir. No lo sabes, ni quieres saberlo. Parece que has vuelto a aquellos tiempos de adolescencia, de inseguridad y de dudas eternas, de autodescubrimiento y temor a lo que pasarás, de horas y horas delante del ordenador. Aquellos tiempos de irse a dormir a las tantas de la madrugada hablando por teléfono con aquella persona que es algo más. Pero ahora no hay nadie al otro lado del auricular. Nadie te responde las preguntas que le haces. En ocasiones te sobresaltas al oir una interferencia. Pensabas que había alguien. Que una persona, una sola persona, aquella persona estaba allí, igual que tú, sosteniendo el teléfono mientras oye tu aliento que roza el micrófono.

Hola? Hay alguien? Dime, quien eres? Buena pregunta. Venga sigue, dile algo. Tus labios se abren pero nada sale de tu garganta. Te quedas boquiabierto in poder decir nada, sabes que el silencio a veces es la mejor opción. Sólo en las películas. Si? Quien es? Habla! Dí algo! Porqué no lo haces! Porqué no te atreves! Unas inseguras lágrimas se dejan ver en tus ojos, como si de un serpiente se tratara empiezan a recorrer tu mejilla. Tranquilo. Lo has conseguido. Cuantos años hacía que no sentías la humedad de una emoción en tu cara. Ahora no puedes parar. No hablas, pero esa persona que está al otro lado presiente que tu estas al teléfono. Lo sabe, porqué los dos os estabais esperando. Y, sin deciros nada, os estáis viendo, mirando fijamente. Y emulando tantas películas romanticonas que, por orgullo, detestas, levantas la mano esperando poder sentir su tacto rugoso y humano. Sentir el calor que tanto anelas y que te permitirá descansar. Te permitirá soñar. Pero sobretodo, mantendrá las falsas esperanzas de que todos esos sueños se pueden hacer realidad.



Crítica constructiva a fotolog y myspace
Septiembre 20, 2007, 12:18 am
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Bueno, después de dos emoposts y a la espera del tercero dejo este vídeo para hacernos unas risas. No soy demasiado fan de colgar videos que encuentro por internet (tampoco es que pierda demasiado el tiempo en ello) pero este me ha hecho reir un buen rato y esto es mucho, actualmente. Espero que lo disfruteis!



Camino a la reflexión
Septiembre 14, 2007, 12:08 am
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Un día te levantas, corriendo, bajas las escaleras, vuelves a hacer tarde. Haces ver que te tomas las vitaminas que te dijeron que eran buenas para tu cuerpo. Sabes que no. No crees en esas cosas médicas, lo único que sabes es que las vitaminas te engordan. Te tomas un zumo de piña porque el de naranja te lo terminaste la semana pasada. Te plantas frente a la moto, te pones el casco. Otra vez lo mismo? Otro dia a tus espaldas, levantarte, trabajar, trabajar más y volver a casa. Que pasaria si..? Nada, no pasaria nada, de hecho no pasa nada.

Decides no coger la moto, irás a pié, como tantas veces habías hecho en el instituto. Sales por la puerta, sacas tu ipod y empieza a sonar la música. Giras la calle y pierdes de vista tu casa y el mundo que conoces. Te paras. Estás preparado para continuar? Lo tenías todo previsto y todo ha salido como pensabas pero… Pero te sientes medio vacío y algo falla. No sabes que es. Te das cuenta que siempre ha fallado algo. Sabes lo que es pero no quieres afrontarlo. Nunca has querido hacerlo. Ahora tienes que tomar una decisión y no sabes si es la correcta. No sabes si es el paso que cambiará tu vida o te acabará de hundir.

Te giras un instante, reflexionas. Que estoy haciendo aquí? No te pares en medio de la calle. Nunca te has parado. No te lo has podido permitir. Parar es pensar y pensar es… recordar. No hay tiempo para mirar atrás. Nunca lo ha habido. Das un paso. Y otro. Y otro. Ya está, todo sigue hacia adelante. Te paras en el semáforo. Termina la canción y un incómodo y curioso silencio se apodera del mundo. El mundo se ha parado por ti? O por primera vez en mucho tiempo has visto lo que tenías a tu alrededor. No, siempre has sido un buen observador. Pero durante años has tenido miedo, tienes miedo, a interactuar con el mundo. Y ahora te encuentras solo. Solo. Y te das cuenta que el mundo que conocías ya no es el mismo, todo ha cambiado. Los árboles han crecido, los niños que jugaban en el parque ya no son niños, ni juegan. Y el señor del bigote que se sentaba en la plaza y que te recordaba a tu abuelo ya no se pasea por las calles alegremente. Pero tu sigues igual, mirando hacia adelante, intentando ver el final de la línea que se supone que debes trazar.

La música vuelve a sonar. Ya no es la misma música que has escuchado todos estos días. Que le ha pasado? Que me ha pasado? Ya no puedes vivir sin escuchar música. Odias el silencio. Cuando te vas a dormir cierras los ojos lo más rápido posible evitando pensar en cualquier cosa. Pero cada mañana te levantas con la almohada humeda y los ojos vidriosos y rojizos. Y sabes, cada mañana que el día que te espera será mas duro que el anterior. Pero sigues. Y sigues. Y te preguntas porqué seguir. No sabes la respuesta, pero algo tienes que hacer. Así que te levantas e inicias un nuevo día, un día duro y aterrador pero el único que se te presenta delante tuyo. Cuenta hasta diez y di bien alto: Hoy todo va a salir bien. Al menos que si los vecinos te oyen que ellos se lo crean.



Mi vida es una película de Sofia Coppola
Septiembre 9, 2007, 11:14 pm
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Después del parón estival, creo que es hora de retomar la vida dónde la dejamos antes de los extraños meses vacacionales para los afortunados. Los currantes como un servidor aprovechamos las vacaciones para trabajar aún más. Sobretodo si se tiene un proyecto final de carrera de por medio.

No sabría como describir este verano. Tal vez la palabra idónea sería intenso. En todos los aspectos. En mi profesión (que me gustaria saber aún cual es) y en mi vida en general los veranos acostumbran a ser mucho más duros que el resto del año. De vacaciones nada, monada.

Será por lo de ser estudiante y de universidad privada que, durante el verano me toca currar para pagarme el curso. Pero este verano se termina todo. El 18 de octubre entrego mi Proyecto Final de Carrera y, claro, termino la carrera. Entonces el síndrome de Peter Pan que todos llevamos dentro (y en especial un servidor) empieza a comerte por dentro, empezando por el estómago, poco a poco te va destruyendo y mientras desapareces, una retahila de preguntas salen vomitadas por tu boca: Qué voy a hacer ahora? Que quiero hacer? Dónde? Con qué dinero? Pero antes de desaparecer del todo, un día te encuentras sentado en el tren, volviendo de Barcelona. Todo el ambiente se ve envuelto de colores rojizos y anaranjados por culpa de esos ocasos de verano que la gente normal (nadie, pues los normales no existen) acostumbra a ver en la playa. Y te quedas mirando a la lejanía, absorto en tus pensamientos. ¿Cómo he podido llegar a este punto?

Sí, has llegado a ese punto. Ese punto en el que no sabes lo que estarás haciendo dentro de un mes. Ese punto en el que una extraña sensación se apodera de ti y no te deja pensar en nada. Pero callas y observas todo lo que pasa. La gente te pregunta ¿Cómo va todo? y tu les miras y sonríes. Va bien. Que vivan los eufemismos. Nada va bien, llevas una depresión del copón encima pero suficiente tenemos todos para que, además, venga alguien como tu y le eche todas las inseguridades y penas que le pasan por la cabeza.

Pero, entonces, pasa algo raro. El pitido de las puertas del tren te despierta, ves como se cierran y un millón y medio de metáforas te pasan por la cabeza. Y todas y cada una de ellas son topicazos, aquellos mismos tópicos de los que huyes. Miras de nuevo por la ventana mientras escuchas alguna canción alegre que, en su momento pensaste que te ayudaría a seguir sonriendo a la mujer de 40 años repintada que se sienta frente tuyo y no deja de lanzarte esquivas miradas. No funciona. La canción no ayuda y lo que antes pensabas que era alegría ahora se vuelve terror y sabes que ya nunca más podrás volver a escuchar esta canción sin evitar pensar en la señora repintada y en este momento de tu vida que esperas que pase, o que te ayuden a pasar. Aunque no tienes demasiadas esperanzas de que eso pueda suceder.

Nadie te dijo cuando te dieron el carnet de postadolescente que sería tan duro mirar hacia adelante y no ponerte a llorar como un niño. Eso sí que te lo enseñaron bien, los hombres no lloran. Se quedan mirando hacia adelante y mueren cada día un poco por dentro. La señora repintada se levanta de su silla y, al pasar junto a tu lado hueles el perfume a coco que tanto odias y que, inexplicablemente, tanta gente lleva. En medio de una arcada levantas la cabeza y te das cuenta que te has pasado tu parada. La historia de tu vida. Te bajas en la siguiente y de golpe sientes el peso de toda una vida de preocupaciones en tu espalda. Te sientas, estas a punto de estallar pero te das cuenta que el peso que sentías no era nada más que tu portátil en la mochila. Lo sacas y miraculosamente encuentras una red wifi. Te das cuenta que estas rodeado de gente que no te mira, que no sabe quien eres. Gente a la que no le tienes que sonreir para hacerle ver que todo va bien. Gente que, igual que tu, tiene sus problemas, aunque sabes que los tuyos siempre son los peores. Y te preguntas, que puedo hacer por ellos? Cómo les puedo ayudar? Cómo me puedo ayudar? No puedes. Ellos lo saben y tu lo sabes. Pero lo intentas, y por eso, entre ataque de ansiedad y sonrisa forzada escribes 837 palabras en tu blog, para que todos sepan que siempre hay esperanza, que nadie está solo en el mundo, aunque lo parezca.

Cuando lo has soltado todo, alguien te llama desde atrás. Primero no te giras. Te preguntas si será aquella persona que igual que tu está perdida y confusa. Te empiezas a girar mientras un escalofrío recorre tu columna. Dónde esperabas ver a una persona mirándote ves a millones. Y es que todo el mundo está perdido y confuso.