A una semana del estreno de lo nuevo de Aronofsky en España (a ver si ahora es verdad y se dejan de retrasos) reproduzco una primera impresión de esta película después de su visionado durante el Festival de Sitges 2006. La foto del director es gentileza de Gomit y altafidelidad.

Darren Aronofsky es un nombre que, seguramente, nadie desconoce. Declarado como joven promesa con su impresionante debut Pi (1998), y establecido como director de culto para muchos con Réquiem por un sueño (2000), nos trae, seis años después, La fuente de la vida (The fountain, 2006). En esta ocasión Aronofsky se aleja del hiperrealismo dramático de sus anteriores dos obras y se adentra en el mundo de la ciencia ficción, visto de una forma muy poética y visualmente impactante y mágica. El director ha contado con las actuaciones de Hugh “Lobezno” Jackman (esta vez han esquilado bien al lobo) y de la ganadora del Oscar Rachel Weisz (El jardinero fiel, 2005).

¿De qué va la película? Esto es lo que muchos nos preguntábamos cuando salimos de la sesión. Simplificando: se trata de la odisea de un hombre y su lucha a través del tiempo para salvar a la mujer que ama. Su objetivo es encontrar el árbol que otorga la vida eterna a todo aquél que bebe su sabia. Ahora bien, mejor leemos entre líneas. Al día siguiente de ver la cinta tuvimos la suerte de asistir a la clase magistral de Alejandro Jodorowski y, para aclarar un poco The fountain, utilizaré su explicación. Jodorowski dividió los viajes en dos clases diferentes: un viaje horizontal y un viaje vertical. El viaje horizontal es aquél en el que un hombre se desplaza para conseguir su objetivo. El viaje vertical es aquél que realiza todo ser para conseguir la autocomprensión, iluminación, etc. Se trata de una reflexión interior. De eso va The fountain. No intentéis buscar una lógica entre las tres historias que narra Aronofsky. Mirad la película e interpretadla como un viaje introspectivo.
Con solo un visionado no podemos añadir mucho más, pues se trata de una cinta que necesitaría ser vista dos veces para comprenderla en su totalidad, o al menos más profundamente. Ahora bien, visualmente es una obra de arte. ¡Qué imágenes más bellas! Nos quedamos enamoradísimos del hermoso árbol, del mundo del futuro y de las luces doradas que envuelven todo el film. Sólo para ver uno de sus fotogramas ya vale la pena ir al cine. No os la perdáis, seguro que dará muchísimo que hablar.
Cuando se estrene la volveré a ver y la comentaré de nuevo. A ver si algo a cambiado desde Sitges. Es una película que no me he querido bajar pues merece ser vista en el cine. La recomiendo a todo aquel que no la haya visto aún.



